Tus labios seguían mojados
tras sumergirse en mis flemas;
tus dos embalses llenaban
dos cuencas que estaban huecas.
Miedo, deseo y alerta,
que nuestras dos bocas frías
sin mediar palabra digan
que ahora son afluentes.
Protégete de lo que quieres
porque en cuanto te descuides
mi ojo avizor que te sigue
[te dirá:
polvo eres.
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